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IndyCar

Palou sobrevive en Gateway al desastre estratégico de Ganassi

Josef Newgarden volvió a demostrar en Gateway que los óvalos cortos son uno de sus territorios naturales. El piloto de Penske ganó por sexta vez en once participaciones en el World Wide Technology

María M. Rodrigo

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Josef Newgarden volvió a demostrar en Gateway que los óvalos cortos son uno de sus territorios naturales. El piloto de Penske ganó por sexta vez en once participaciones en el World Wide Technology Raceway y firmó una victoria de enorme valor en una carrera marcada por la lluvia, las banderas rojas, las estrategias de combustible y un error de Chip Ganassi que dejó sin opciones a Alex Palou y Scott Dixon.

Newgarden se impuso por delante de Marcus Ericsson y Christian Rasmussen en una prueba frenética, con 268 adelantamientos por posición y una recta final muy intensa. El estadounidense, que todavía se recuperaba de una lesión sufrida en las 500 Millas de Indianápolis, volvió a encontrar en Gateway un escenario perfecto para sacar partido a su experiencia.

El resultado confirma una estadística contundente: de sus 34 victorias en IndyCar, 15 han llegado en óvalos de menos de 1,5 millas. No es casualidad. Gateway exige una lectura muy fina del tráfico, de los neumáticos, del aire sucio y de las diferencias entre curvas. No es un óvalo simple. La curva 1 y la curva 2 no se afrontan igual que la 3 y la 4, y esa asimetría premia a los pilotos que saben adaptarse vuelta tras vuelta.

La carrera tuvo un desenlace muy peleado.

Newgarden se colocó líder de forma definitiva en la vuelta 221, después de un intenso duelo con Rasmussen. El danés llegó a superarle, Newgarden respondió, Rasmussen volvió a intentarlo y finalmente el de Penske recuperó el mando para no soltarlo más. Ericsson, que también estuvo en la pelea, terminó segundo y logró su mejor resultado de la temporada.

La última amarilla añadió tensión. Muchos pilotos que venían por detrás entraron a cambiar neumáticos, mientras los ocho primeros se quedaron en pista. Scott McLaughlin aprovechó la reanudación para escalar del noveno al quinto en apenas cuatro vueltas, pero ni él ni el resto de pilotos con neumáticos nuevos tuvieron suficiente tracción o velocidad para atacar a los cuatro primeros en el tramo final.

Mientras tanto, Newgarden mantuvo una ventaja cercana al medio segundo sobre Ericsson durante las últimas vueltas. No fue una diferencia enorme, pero sí suficiente. En un óvalo corto, con tráfico y con neumáticos castigados, esa distancia puede ser todo un mundo si el piloto que va delante no comete errores.

La otra gran historia de la noche.

Pero la otra gran historia de la noche fue el desastre estratégico de Chip Ganassi.

Palou llegaba a Gateway como líder sólido del campeonato y en plena temporada de control. Sin embargo, su carrera quedó condicionada por una apuesta muy arriesgada del equipo. Tras la primera bandera roja, provocada por la lluvia y con una interrupción de 38 minutos, Ganassi llamó a boxes a Palou y Dixon para repostar en cuanto se abrió el pit lane.

La idea era clara: intentar que la carrera se ordenara de forma favorable, que aparecieran más amarillas o que llegara la lluvia definitiva antes de que sus rivales pudieran completar la estrategia. Si el guion salía bien, Palou podía ganar una parada o colocarse en una posición privilegiada. Pero la IndyCar no siempre devuelve las apuestas en la dirección esperada.

No hubo suficientes amarillas.

Tampoco llegó la lluvia que el equipo necesitaba. Y la estrategia se convirtió en una trampa.

Dixon fue el primero en sufrirlo. Tuvo que entrar a un box cerrado para recibir asistencia de emergencia porque se estaba quedando sin combustible. Poco después, Palou también llegó al límite. Su Honda empezó a petardear al entrar en el pit lane y se quedó sin gasolina. El español tuvo que rodar en punto muerto hasta su box y la parada se alargó todavía más porque el motor no arrancaba.

La imagen fue durísima: el coche del líder del campeonato entrando sin combustible y perdiendo cualquier opción de resultado importante.

Palou terminó 17.º, muy lejos de lo que podía haber sido una carrera de puntos sólidos o incluso de podio.

Lo más llamativo es que el error llegó precisamente de uno de los puntos fuertes del binomio Palou-Ganassi. En los últimos años, una parte importante del éxito del español ha estado en la ejecución: lectura de carrera, estrategia, paradas, cálculo de combustible y capacidad para estar siempre en el lugar correcto cuando la carrera se rompe. En Gateway ocurrió lo contrario. Ganassi se la jugó y perdió.

No fue, en cualquier caso, una derrota catastrófica para el campeonato. Palou conserva el liderato con 49 puntos de ventaja sobre Kyle Kirkwood, que terminó sexto y no pudo sacar todo el partido posible a la mala noche del español. Dentro del daño, el golpe fue limitado.

Un claro aviso.

Las dos carreras en óvalos cortos de esta temporada han sido los únicos resultados de Palou fuera del top siete: 24.º en Phoenix tras un contacto y 17.º en Gateway por la estrategia y el problema de combustible. No significa que Palou sea débil en óvalos, pero sí que esta parte del calendario ha sido la menos amable para él.

También hay una lectura más amplia.

Palou está en una fase de su carrera en la que no sólo compite para sumar. Compite para ganar. Y cuando un equipo persigue victorias, a veces toma riesgos que una estrategia más conservadora evitaría. El problema es que esos riesgos deben estar muy bien calculados.

En Gateway, el margen era mínimo y la apuesta dependía demasiado de factores externos.

Newgarden ganó porque ejecutó cuando tenía que ejecutar. Ericsson estuvo cerca. Rasmussen confirmó una gran actuación. Y Palou, esta vez, tuvo que limitar daños en una noche donde su equipo no estuvo a la altura de su propia reputación estratégica.

La buena noticia para el español es que sigue líder y con margen. La mala es que Gateway recordó algo que en la IndyCar nunca conviene olvidar: incluso cuando tienes al piloto más sólido del campeonato, una mala llamada en el muro puede arruinarte la carrera.