La publicación del ADUO ha dejado una primera lectura tan sorprendente como incómoda para buena parte de la parrilla: el motor térmico de referencia no es el de Mercedes, sino el de Red Bull Powertrains-Ford. Sin embargo, el equipo que domina el campeonato sigue siendo Mercedes. Y esa contradicción aparente abre una de las claves técnicas más interesantes de esta Fórmula 1 de 2026.
Según los datos disponibles, Red Bull Powertrains-Ford aparece como la unidad de potencia más fuerte en la parte térmica. Mercedes estaría aproximadamente un 2% por debajo, Ferrari alrededor de un 4%, Audi entre un 4% y un 6%, y Honda en la parte final, con una desventaja estimada entre el 6% y el 8%.
La primera conclusión es evidente.
Si Mercedes no tiene el motor térmico más potente y aun así está dominando, su ventaja debe estar en otro lugar. O, más exactamente, en la suma de varios lugares. Chasis, aerodinámica, integración de la unidad de potencia, recuperación de energía y facilidad para poner todo el conjunto a trabajar en pista.
Ese es, probablemente, el punto más importante. En Fórmula 1 no gana una pieza aislada. Gana el paquete. Y ahora mismo el paquete de Mercedes parece estar por encima del resto.
Mónaco ya había dejado algunas pistas. Andrea Kimi Antonelli pudo atacar pianos, mantener el coche estable y llevarlo al límite en un circuito donde la confianza y el chasis importan tanto como la potencia. Si el motor Mercedes no es el más fuerte en términos térmicos y el equipo sigue marcando diferencias, la explicación apunta a una plataforma muy eficaz.
También puede haber otra clave: la parte eléctrica.
El ADUO, por lo que se desprende del análisis, parece centrarse en la parte térmica del motor. Pero en los coches de 2026 la recuperación, el despliegue energético y la integración entre motor eléctrico, frenos, batería y chasis pueden ser determinantes.
Un motor térmico ligeramente inferior puede quedar compensado si el coche recupera mejor, despliega mejor y permite al piloto frenar y acelerar con más confianza.
Ahí aparece una de las grandes dudas del sistema. ¿Qué mide exactamente el ADUO? ¿Cómo se establece esa comparación? ¿Se valora sólo la potencia máxima del motor térmico? ¿Se mide en banco, en condiciones controladas, en una ventana concreta de uso? ¿Qué ocurre con la fiabilidad, la gestión térmica o la eficiencia del despliegue eléctrico?
La falta de transparencia no ayuda.
Si un sistema va a conceder más horas de desarrollo y más recursos a unos motoristas que a otros, debería estar acompañado de criterios claros. No hace falta publicar secretos industriales, pero sí explicar de manera comprensible qué se está evaluando. De lo contrario, el ADUO corre el riesgo de parecer una tabla de números opaca, más que una herramienta regulatoria justa.
Ferrari también sale tocada de esta primera lectura. La Scuderia esperaba tener margen frente a Mercedes, y lo tiene, pero menos del que quizá imaginaba. Estar un 4% por debajo de la referencia le permite disponer de más capacidad de desarrollo, pero Mercedes también podrá mejorar. Es decir, Ferrari no sólo tiene que recuperar terreno: tiene que hacerlo más rápido que un rival que ya está por delante como conjunto.
El caso de Honda es todavía más delicado. Una desventaja de entre el 6% y el 8% en la parte térmica ayuda a explicar parte del sufrimiento de Aston Martin, aunque no lo explica todo. El coche también parece tener problemas de chasis, de equilibrio, de tracción y de integración general. Pero si la unidad de potencia ya nace tan lejos, el margen de maniobra se estrecha todavía más.
Red Bull, en cambio, se encuentra ante una lectura paradójica. Tiene la referencia térmica, pero no el coche más competitivo. Eso habla bien del trabajo inicial de Red Bull Powertrains-Ford, un proyecto que partía con enormes incógnitas, pero también señala las carencias del conjunto. Un motor potente no basta si el chasis no acompaña o si la integración no permite aprovecharlo en todas las condiciones.
La gran lección del ADUO.
La gran lección del ADUO, por tanto, no es sólo quién tiene más potencia. Es que la potencia, aislada, no basta.
La Fórmula 1 de 2026 se está jugando en un equilibrio mucho más complejo: motor térmico, recuperación eléctrica, eficiencia aerodinámica, carga, gestión de neumáticos, estabilidad en frenada y confianza del piloto. Mercedes parece haber entendido mejor ese equilibrio. Red Bull tiene una pieza muy fuerte. Ferrari tiene margen, pero también presión. Honda necesita reaccionar.
Y la FIA debería explicar mejor cómo está midiendo todo esto.
Porque el ADUO puede cambiar el desarrollo de la temporada. Pero, para que sea creíble, necesita algo más que porcentajes. Necesita transparencia.