Lo puedes escuchar en: Episodio 1014 · Un Bakú difícil de tragar
El resultado del Gran Premio de Azerbaiyán podría hacernos pensar que asistimos a una carrera memorable. George Russell logró una victoria aplastante; Max Verstappen estuvo a punto de robarle la cartera en la línea de meta; Isack Hadjar regresó a la competición con un podio y Andrea Kimi Antonelli remontó después de comenzar desde las últimas posiciones.
Contado así, Bakú parece haber ofrecido todo lo que se espera de una buena carrera. La realidad fue bastante menos emocionante.
Durante buena parte de la prueba apenas ocurrió nada. Los coches de seguridad y los errores de algunos pilotos animaron el tramo final, pero, hasta entonces, la carrera fue poco más que una sucesión de monoplazas separados por unas distancias que no permitían atacar.
Sin embargo, detrás de ese espectáculo limitado apareció algo mucho más interesante: una jerarquía de rendimiento bastante distinta a la que habíamos visto en las carreras anteriores.
Mercedes dominó, Red Bull volvió a mostrarse como una amenaza real y Ferrari y McLaren quedaron relegados a un tercer escalón.
Russell estuvo en otra dimensión
George Russell completó uno de esos fines de semana en los que todo parece sencillo.
Logró la pole, ganó la carrera, lideró todas las vueltas y marcó la vuelta rápida. Un Grand Chelem en un circuito como Bakú, donde cualquier error puede terminar contra el muro, no admite demasiadas discusiones.
Russell fue el piloto más rápido a una vuelta y también tuvo el mejor ritmo en carrera. En los momentos en los que las condiciones permitieron comparar su rendimiento con el de Verstappen, la diferencia llegó a situarse alrededor de las tres o cuatro décimas por vuelta.
El resultado final, con Verstappen cruzando la meta a menos de dos décimas, no refleja esa superioridad. Los coches de seguridad comprimieron el grupo y permitieron que el neerlandés llegara a la última recta con una oportunidad remota de atacar. Pero durante la mayor parte de la prueba Russell controló la carrera sin necesidad de responder a una amenaza real.
Mercedes estuvo en otra dimensión.
El problema para el equipo es que Antonelli no pudo acompañar a su compañero en la parte delantera. Su accidente en clasificación, provocado probablemente por intentar igualar un ritmo que en ese momento no tenía, lo obligó a comenzar desde la decimosexta posición.
La reacción del italiano resultó, no obstante, muy significativa.
Antonelli no trató de recuperar todo lo perdido en las primeras vueltas. Fue paciente, evitó nuevos errores y permitió que la propia carrera fuera eliminando rivales. Terminó quinto y sumó unos puntos muy valiosos para un campeonato que continúa teniendo bajo control.
Su sábado fue el de un piloto que todavía puede sobrepasar el límite cuando se siente presionado. Su carrera, en cambio, fue la de alguien que sabe que no necesita ganar todos los fines de semana para proclamarse campeón.
Antonelli está disputando su segunda temporada en Fórmula 1 y todavía tiene mucho que aprender, pero precisamente su capacidad para corregirse dentro del mismo Gran Premio explica buena parte de su evolución.
Red Bull reaparece cuando llega la carrera
La gran sorpresa de Bakú no fue la velocidad de Mercedes, sino el rendimiento de Red Bull.
Verstappen había clasificado octavo después de sufrir problemas en el coche. Hadjar, cuarto, ya había ofrecido una primera pista de lo que podía hacer el monoplaza. Una vez solucionados los problemas del neerlandés, los dos Red Bull demostraron que tenían ritmo suficiente para superar a Ferrari y McLaren.
Verstappen adelantó a Lewis Hamilton, intercambió posiciones con Hadjar y terminó superando también a Charles Leclerc y Oscar Piastri. Hadjar hizo lo propio con Lando Norris y, gracias a una carrera muy inteligente, acabó acompañando a su compañero en el podio.
La unidad de potencia de Red Bull había generado muchas dudas durante la temporada, pero Bakú mostró que dispone de argumentos suficientes en un circuito especialmente exigente para el motor.
La larga recta final obliga a combinar una buena entrega de la parte térmica con una gestión muy precisa de la energía eléctrica. Red Bull no estuvo al nivel de Mercedes, pero sí claramente por delante de Ferrari y McLaren.
Todavía parece pronto para hablar de una recuperación definitiva. Bakú tiene unas características muy particulares y el coche podría volver a sufrir en circuitos diferentes. Sin embargo, el equipo demostró algo que ha sido una constante durante los últimos años: cuando encuentra una oportunidad, sabe aprovecharla.
Red Bull no tenía ritmo para ganar, pero sí para subir al podio con sus dos pilotos. En lugar de arriesgarlo todo intentando alcanzar a Russell, aseguró el resultado.
La inteligencia de Hadjar
La actuación de Isack Hadjar merece una atención especial.
Regresaba al coche después de su lesión en la muñeca y lo hacía en uno de los circuitos menos indulgentes del calendario. Pese a ello, clasificó cuarto, mantuvo un ritmo competitivo y terminó tercero.
Lo más destacable no fue su velocidad, sino su lectura de la carrera.
Durante la primera tanda, con el neumático blando, Hadjar llegó a considerar que podía rodar dos o tres décimas más rápido que Verstappen, que utilizaba el medio. Podría haber exigido el intercambio de posiciones o haber intentado atacar a su compañero. En cambio, entendió que una lucha entre los dos solo serviría para hacerles perder tiempo y aumentar el riesgo de accidente.
Se mantuvo detrás, protegió los neumáticos y esperó.
Incluso cuando Verstappen completó una vuelta más lenta, Hadjar pidió al equipo que valorara el cambio únicamente si el neerlandés comenzaba a perder ritmo de forma continuada. No convirtió una pequeña ventaja circunstancial en una batalla innecesaria.
Más adelante, cuando se invirtieron los compuestos, Verstappen fue claramente más rápido. Hadjar aceptó entonces que su mejor opción era mantenerse a su estela, conservar el podio y evitar que Leclerc se acercara.
A menudo se identifica la calidad de un piloto con su agresividad. Sin embargo, los grandes campeones no solo han sido rápidos y valientes: también han sabido cuándo atacar y cuándo esperar.
En Bakú descubrimos esa faceta en Hadjar. Red Bull tiene dos pilotos capaces de sumar grandes resultados, no únicamente a Verstappen.
Ferrari y McLaren, un escalón por debajo
La clasificación había dibujado un panorama mucho más abierto. Russell ocupaba la pole, pero Leclerc era segundo, Piastri tercero y Hadjar cuarto. Cuatro coches diferentes en las cuatro primeras posiciones parecían anticipar una carrera muy igualada.
Los ritmos deshicieron rápidamente esa ilusión.
Ferrari no se hundió tanto como puede sugerir el resultado. Leclerc terminó cuarto, que probablemente era la mejor posición a la que podía aspirar ante la velocidad de Mercedes y Red Bull. Hamilton también se vio condicionado por el tráfico, pero ninguno de los dos tuvo ritmo para intervenir en la lucha por la victoria.
McLaren quedó en una situación similar. Su coche continúa siendo competitivo en las zonas de curvas, pero la larguísima recta de Bakú expuso sus problemas de velocidad punta.
A esa limitación se añadieron las circunstancias y los errores de sus pilotos. Norris se vio fuera de la carrera por el choque con los dos Alpine y Piastri se pasó de frenada… ambos en la primera curva. Las consecuencias fueron diferentes: Norris abandonó y Piastri perdió las posiciones que había protegido durante buena parte de la carrera.
McLaren podía haber limitado los daños y sumar un resultado razonable. En lugar de eso, sus pilotos terminaron apartándose de la pelea.
Por rendimiento, Ferrari y McLaren estuvieron bastante próximos entre sí. El problema para ambos es que Mercedes y Red Bull se encontraban por delante.
Una jerarquía que Sepang deberá confirmar
Bakú no permite extraer conclusiones definitivas. Su recta interminable, sus frenadas fuertes y sus curvas lentas favorecen unas cualidades muy concretas.
Mercedes fue claramente el mejor equipo, pero todavía necesitamos comprobar si Russell ha recuperado definitivamente sus mejores sensaciones o si este dominio estuvo condicionado por el circuito.
La misma cautela debe aplicarse a Red Bull. El coche funcionó muy bien en Azerbaiyán, pero la próxima carrera planteará un desafío completamente diferente. Sepang exige rendimiento en curvas rápidas, estabilidad en los cambios de dirección y una gestión térmica mucho más complicada.
Ferrari y McLaren tendrán allí la oportunidad de demostrar si lo sucedido en Bakú fue una excepción. Red Bull deberá confirmar que su recuperación no depende exclusivamente de los circuitos en los que el motor tiene un protagonismo especial.
La carrera de Azerbaiyán no fue particularmente emocionante, pero sí dejó una conclusión importante: Mercedes continúa siendo la referencia y Red Bull ha vuelto a ocupar el espacio del primer perseguidor.
Ahora falta saber si estamos ante una fotografía de Bakú o ante la nueva jerarquía de la Fórmula 1.