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Por qué Ferrari ganó desde el muro: la estrategia que Mercedes no podía copiar

Lo puedes escuchar en: Episodio 986 · El análisis del GP de Barcelona-Cataluña La victoria de Lewis Hamilton en Barcelona no se explica sólo por ritmo. Tampoco sólo por el coche de seguridad

María M. Rodrigo

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Lo puedes escuchar en: Episodio 986 · El análisis del GP de Barcelona-Cataluña

La victoria de Lewis Hamilton en Barcelona no se explica sólo por ritmo. Tampoco sólo por el coche de seguridad virtual que apareció en el momento oportuno. La clave estuvo en algo más completo, la estrategia: Ferrari leyó antes que nadie el tipo de carrera que se estaba construyendo y tuvo el valor de salirse del guion.

En Montmeló no había una estrategia universalmente correcta.

Esa es la primera idea importante.

La carrera no fue tan sencilla como decir que las tres paradas eran la opción buena y las dos paradas, un error. La degradación fue alta, el neumático sufrió más de lo previsto y el ritmo cambiaba mucho según el aire limpio, el tráfico y la vida de cada compuesto. Pero no todos los pilotos podían permitirse la misma apuesta.

Hamilton sí podía.

Ferrari empezó a construir la victoria desde la salida. El británico arrancó con neumático blando usado, una elección que tenía riesgo. En una pista con temperatura alta y degradación importante, el blando no era una opción cómoda para alargar. Te condiciona desde el principio. Te obliga a aceptar que la carrera probablemente no va a resolverse con una estrategia conservadora.

Pero también abre otra puerta: la de atacar.

Hamilton no pudo superar a George Russell en la salida.

Tampoco conviene exagerar ese punto. La primera curva de Barcelona penaliza mucho al que intenta por fuera sin tener el espacio garantizado, y el británico no necesitaba jugarse la carrera en los primeros metros.

Ferrari parecía haber entendido que el domingo sería largo y que el triunfo no tenía por qué llegar en la arrancada.

El primer stint dio la señal. Hamilton empezó a perder algo de tiempo con Russell y, sobre todo, Andrea Kimi Antonelli se acercaba desde atrás con mejor ritmo que el Ferrari. Ahí apareció la primera decisión clave del muro de Maranello: parar pronto.

No fue una parada defensiva cualquiera.

Ferrari evitaba que Antonelli pudiera lanzarle el undercut y, al mismo tiempo, asumía que la carrera de Hamilton debía pasar a otra dimensión. Si paraba tan pronto y después exprimía el neumático nuevo de forma tan agresiva, la estrategia de tres paradas quedaba prácticamente marcada.

Y ahí estuvo la inteligencia.

Hamilton salió con aire limpio, se encontró con Oscar Piastri, lo superó con neumático más fresco y empezó a recuperar tiempo de manera muy clara. Mientras otros gestionaban, él atacaba. Mientras Mercedes mantenía su estructura de carrera, Ferrari usaba la degradación como arma.

La diferencia entre ambos planteamientos fue fundamental.

Mercedes tenía a Russell liderando y a Antonelli con ritmo. Copiar a Ferrari no era tan evidente para ellos. Si Russell paraba pronto, abandonaba la posición de pista que tanto cuesta conseguir en Barcelona. Si Antonelli paraba, quizá sacrificaba una carrera en la que estaba recortando y podía aspirar a mucho más.

Para Mercedes, ir a tres paradas era una apuesta mucho más difícil que para Ferrari.

Ese es el matiz que a veces se pierde en el análisis posterior. Una estrategia puede ser perfecta para un coche y suicida para otro. Hamilton tenía huecos, ritmo y una necesidad clara de cambiar el tablero.

Un piloto de la zona media, por ejemplo, no habría podido hacer lo mismo: habría salido en tráfico, atrapado entre Haas, Williams, Alpine o Racing Bulls, y habría perdido todo lo ganado con el neumático nuevo.

Ferrari no encontró una receta universal.

Encontró la receta de Hamilton.

La carrera terminó de inclinarse con el coche de seguridad virtual provocado por el abandono de Fernando Alonso. El momento fue perfecto para Hamilton, que pudo parar y salir por delante de los Mercedes. Pero el VSC no cayó sobre una carrera neutra.

Cayó sobre una carrera que Ferrari ya había preparado para estar en posición de aprovechar cualquier oportunidad.

Mercedes, en cambio, quedó atrapada en su propio dilema. Russell y Antonelli se encontraron luchando entre ellos mientras Hamilton venía cada vez más fuerte. Toto Wolff reconocería después que quizá no debieron permitir esa pelea, pero en el momento era muy difícil ordenar lo contrario.

Antonelli era líder del Mundial y venía de demostrar más ritmo. Russell había hecho la pole y defendía una carrera que también necesitaba. Cualquier orden habría generado una tensión enorme.

La pelea interna costó tiempo. Y ese tiempo, en una carrera de márgenes estratégicos, fue oro para Ferrari.

Hamilton ganó porque tuvo ritmo, sí. Ganó porque el VSC le favoreció, también. Pero sobre todo ganó porque Ferrari actuó con una claridad poco habitual: no salió a proteger un podio, salió a buscar la victoria. Leyó la degradación, aceptó el riesgo, eligió la carrera agresiva y confió en que Hamilton podía ejecutarla.

El británico respondió.

Barcelona dejó una enseñanza importante para Ferrari.

No siempre tendrá el coche más rápido. No siempre tendrá una neutralización favorable. No siempre podrá jugar a tres paradas.

Pero cuando el equipo lee bien la carrera y da a Hamilton una herramienta coherente, sigue teniendo un piloto capaz de convertir una opción estratégica en una victoria.

Esa fue la verdadera diferencia.

Ferrari no copió a nadie. Se atrevió antes.