Fórmula 1

Estrategias en Zandvoort: una carrera que empezó dos veces

Lo puedes escuchar en: Episodio 1003 ·¿Un buen GP de los Países Bajos? El Gran Premio de los Países Bajos no se puede entender sin la bandera roja de las primeras vueltas. Zandvoort

Abel Caro Rubio
Imagen cortesía de Pirelli

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Lo puedes escuchar en: Episodio 1003 ·¿Un buen GP de los Países Bajos?

El Gran Premio de los Países Bajos no se puede entender sin la bandera roja de las primeras vueltas. Zandvoort ya prometía ser una carrera de gestión por la dificultad para adelantar, la degradación y las diferencias entre compuestos, pero el accidente de Max Verstappen lo cambió todo demasiado pronto.

La carrera, en realidad, empezó dos veces.

La primera salida dejó un escenario que apenas tuvo tiempo de desarrollarse. Russell salió mal, Antonelli ganó posición, Piastri perdió terreno y Verstappen quedó fuera tras estrellarse en la primera vuelta. La bandera roja borró buena parte del planteamiento inicial y abrió una carrera completamente distinta.

A partir de ahí, los equipos tuvieron que decidir de nuevo.

Esa es la clave que nos permitirá analizar la estrategia de GP de Países Bajos 2026.

La bandera roja abrió el abanico

Con la interrupción temprana, las estrategias dejaron de ser lineales. Los equipos pudieron replantear neumáticos, ventanas de parada y lectura de carrera. En lugar de una prueba bloqueada por la posición en pista, Zandvoort se convirtió en una carrera de ritmos diferentes, gomas distintas y planes que no coincidían entre sí.

Eso fue lo que la hizo interesante: hubo pilotos con neumático duro, otros con medio y otros con blando; hubo quien intentó alargar muchísimo, quien buscó adelantar la parada, quien tuvo que reaccionar al tráfico y quien se vio atrapado por los coches de seguridad virtuales.

La variedad estratégica dio vida a una pista donde, en teoría, adelantar no debía ser sencillo.

No todos estaban en la misma carrera

Una de las mejores cosas que puede ocurrir en Fórmula 1 es que no todos los pilotos estén haciendo exactamente lo mismo. Cuando todos paran en la misma vuelta, montan el mismo compuesto y ruedan en la misma ventana, la carrera se vuelve previsible. En Zandvoort ocurrió lo contrario.

La bandera roja y los posteriores coches de seguridad virtuales hicieron que cada piloto entrara en una fase distinta de su domingo.

Unos tenían goma más nueva, pero tráfico. Otros tenían aire limpio, pero neumáticos castigados. Algunos parecían rápidos a una vuelta, pero no conseguían sostener el ritmo. Otros no brillaban tanto en el crono, pero estaban construyendo una carrera más sólida.

Ahí estuvo buena parte del espectáculo.

No fue sólo una carrera de adelantamientos. Fue una carrera de lectura.

Norris esperó su momento

Lando Norris ganó porque fue capaz de interpretar mejor que nadie ese escenario. No parecía tener un coche claramente superior. De hecho, Oscar Piastri sufrió mucho más con el otro McLaren, especialmente en una carrera que se le fue complicando entre estrategia, tráfico y degradación.

Norris, en cambio, fue sosteniendo su plan.

No necesitó romper la carrera desde el principio. Fue acercándose a Antonelli, entendiendo cuándo debía apretar y cuándo debía esperar, hasta que llegó al momento decisivo.

El adelantamiento al Mercedes fue la consecuencia de una carrera muy bien cocinada. No fue un fogonazo aislado. Fue el final lógico de una estrategia ejecutada con paciencia.

Antonelli perdió la victoria, no el liderazgo

Andrea Kimi Antonelli estuvo muy cerca de convertir Zandvoort en otra victoria de Mercedes. Su salida tras la reanudación fue magnífica, se puso líder y durante muchas vueltas pareció tener la carrera en una posición muy favorable.

Pero la estrategia no se decide sólo en el muro. También se decide en cómo cae el neumático, en qué ritmo puede sostener cada coche y en cuándo llega el rival.

Norris llegó con más en el momento clave.

Antonelli no pudo defender la victoria, pero sí salvó un segundo puesto muy valioso. Y eso también forma parte de una buena carrera estratégica: cuando no se puede ganar, hay que maximizar el resultado.

El italiano volvió a salir más líder.

Russell, de amenaza a escudo

George Russell tuvo un fin de semana extraño. Había sido muy fuerte a una vuelta, hizo la pole en la sprint y estuvo cerca de repetir en la clasificación principal, pero la carrera se le torció desde la salida.

Después, su domingo fue más defensivo que ofensivo.

Terminó tercero, pero quizá su papel más importante fue proteger el resultado de Mercedes en la fase final. Con Hamilton y Leclerc cerca, Russell tuvo que contener a Ferrari y, de alguna manera, evitar que la pérdida de la victoria de Antonelli se convirtiera en un daño mayor para el equipo.

No fue la carrera dominante que quizá esperaba.

Pero sí fue útil para Mercedes. E hizo un trabajo excepcional defendiendo, cuando nadie dábamos nada por su podio.

Ferrari tuvo ritmo, pero volvió a llegar tarde

Ferrari dejó una sensación conocida: había ritmo, pero no hubo premio grande. Leclerc marcó la vuelta rápida y acabó quinto, justo detrás de Hamilton, pero ninguno de los dos pudo convertir la velocidad del coche en una posición de podio.

La lucha entre Leclerc y Piastri fue una de las mejores del día. Ferrari atacó, tuvo momentos de mucho ritmo y llegó al final pegada a Russell. Pero la carrera volvió a dejar una pregunta incómoda: ¿está sacando Ferrari todo lo que tiene?

En Zandvoort, las decisiones estratégicas también estuvieron condicionadas por la pelea interna. Cuando dos pilotos ruedan tan cerca y ambos tienen ritmo, el muro debe elegir muy bien cuándo proteger, cuándo atacar y cuándo evitar que la batalla entre compañeros les cueste tiempo frente a los rivales.

Ferrari volvió a quedarse cerca. Y cerca, en una temporada tan igualada, empieza a no bastar.

Alonso y el stint que explica a Aston Martin

Uno de los movimientos más interesantes de la carrera fue el de Fernando Alonso. Aston Martin apostó por alargar muchísimo el primer stint con neumático blando, y el asturiano terminó haciendo 32 vueltas con ese compuesto.

Ese dato es clave.

No se puede alargar tanto un blando si el coche degrada mal. Y menos en una fase temprana de carrera, con más carga de combustible, tráfico y una pista todavía lejos de su mejor estado.

La estrategia de Aston Martin funcionó porque el coche permitió que funcionara. Alonso gestionó de forma extraordinaria, pero también hubo una base técnica detrás: mejor equilibrio, mejor trato de goma y una aerodinámica que parece mucho más coherente desde la evolución introducida antes del parón.

El noveno puesto no fue una casualidad, fruto de las circunstancias (como en Mónaco), fue una carrera bien leída.

Gasly no pudo rematar

La fase final de Alonso frente a Pierre Gasly explica muy bien el valor de esa estrategia. El Alpine llegó con neumático medio más joven y con novedades en el coche, pero no pudo superar al Aston Martin.

Zandvoort no es fácil para adelantar, eso es evidente. Pero aun así, sostener la posición con menos goma y menor velocidad punta tiene mérito.

Alonso hizo su parte. Aston Martin también.

Y ese es el cambio más importante respecto a la primera mitad de la temporada: ya no parece que todo dependa sólo de que Alonso tape los agujeros del coche. Ahora el coche empieza a darle herramientas para defenderse.

Piastri, el ejemplo contrario

La carrera de Piastri fue el reverso de la de Norris. Con el mismo McLaren, el australiano acabó sexto y lejos de la pelea principal. No fue sólo ritmo puro. Fue una suma de pequeños golpes: posición, estrategia, tráfico, degradación y pérdida de control sobre el desarrollo de su carrera.

En un Gran Premio tan estratégico, quedar fuera de la secuencia buena se paga carísimo.

Piastri tuvo momentos de calidad, como el adelantamiento a Russell con duros, pero no consiguió convertirlos en un resultado fuerte. La carrera se le fue escapando poco a poco.

Una diferencia con tu compañero que se vuelve enorme cuando él gana.

La estrategia hizo buena a Zandvoort

Zandvoort no es un circuito diseñado para regalar adelantamientos. Es estrecho, corto y exige mucha posición en pista. Por eso la carrera necesitaba algo que rompiera el orden natural.

La bandera roja lo hizo.

Los coches de seguridad virtuales lo reforzaron.

Y la degradación terminó de construir el espectáculo.

Sin esa mezcla, probablemente habríamos visto una carrera mucho más bloqueada. Con ella, tuvimos una prueba llena de decisiones, dudas y momentos en los que cada equipo podía ganar o perder mucho por una sola vuelta de diferencia.

Eso es Fórmula 1.

Zandvoort fue una buena carrera porque obligó a pensar – algo que, según Domenicali, no está muy de moda ahora en este deporte.

No fue una carrera perfecta.

Fue algo mejor: una carrera con muchas carreras dentro.