Lo puedes escuchar en: Episodio 1003 ·¿Un buen GP de los Países Bajos?
Fernando Alonso terminó noveno en Zandvoort y sumó dos puntos para Aston Martin. Sobre el papel, puede parecer un resultado pequeño. En la realidad del equipo, tiene bastante más significado.
Aston Martin venía de una primera mitad de temporada durísima, hundido durante muchos Grandes Premios y con una sensación de desconexión técnica muy preocupante. Hungría ya había mostrado una primera reacción. Zandvoort debía confirmar si aquello era algo real o sólo un pequeño espejismo favorecido por el circuito.
La respuesta no permite lanzar campanas al vuelo, pero sí cambia el tono: Aston Martin ya no parece estar en el pozo.
El motor Honda todavía no lo explica todo
Uno de los grandes focos del fin de semana era la nueva unidad de potencia Honda. El equipo esperaba un paso adelante, aunque el propio contexto invitaba a la prudencia: formato sprint, sólo una sesión de libres y muy poco tiempo para entender cómo optimizar el nuevo paquete.
El motor parece haber mejorado, pero no de forma plena todavía. Se hablaba de una ganancia importante, pero la impresión es que Aston Martin no pudo utilizar todo el potencial desde el primer fin de semana. La velocidad punta siguió siendo discreta y la gestión de la energía no pareció completamente afinada.
Eso es lógico hasta cierto punto. Más potencia no significa únicamente más caballos en la parte térmica. También implica aprender a desplegar mejor la energía, integrarla en el comportamiento del coche y encontrar mapas que permitan aprovechar el conjunto sin generar problemas de conducción, vibraciones o ineficiencias.
Esto ha sido una primera prueba, no la sentencia definitiva.
El coche sí empieza a tener una base
La parte más positiva del fin de semana no está sólo en el motor. Está en el coche.
Aston Martin ya había traído en Hungría una evolución importante de chasis y aerodinámica. En Zandvoort, esa base volvió a mostrar señales interesantes. El AMR26 B no se convirtió en un coche de zona alta, ni siquiera en una referencia clara de la zona media, pero sí enseñó algo que antes no tenía: capacidad para competir cuando se abre una oportunidad.
La clave estuvo en la degradación.
Alonso hizo el stint más largo de la carrera con neumáticos blandos: 32 vueltas. Y no lo hizo rodando completamente liberado, sino en una fase complicada, con tráfico, carga de combustible y condiciones en las que el neumático suele sufrir mucho más.
Eso no es casualidad.
Si un coche destroza las gomas, esa estrategia es imposible.
Degradar poco también es rendimiento
A veces se analiza el rendimiento sólo por la velocidad punta o por la posición final. Pero en Fórmula 1, cuidar neumáticos también es rendimiento. Y en Zandvoort, Aston Martin dejó una señal muy clara en ese aspecto.
El coche permitió a Alonso sostener un neumático blando durante más vueltas que nadie. Eso habla de suspensión, de equilibrio aerodinámico, de tracción, de estabilidad y de una interacción mucho más sana entre el monoplaza y las gomas.
También habla, por supuesto, del piloto.
Alonso volvió a sacar muchísimo de lo que tenía entre manos. Gestionó, defendió, leyó la carrera y mantuvo detrás a Pierre Gasly en la fase final, pese a que el Alpine llevaba neumático medio más joven y novedades importantes en el coche.
Pero esta vez no fue sólo una cuestión de manos, es que también hubo coche para hacerlo.
Una estrategia que funcionó porque podía funcionar
Aston Martin acertó con la estrategia. Eso hay que reconocerlo. Pero las buenas estrategias no existen en el vacío. Funcionan cuando el coche permite ejecutarlas.
Alargar tanto el primer stint con blandos era una apuesta arriesgada. Si el neumático caía, Alonso quedaba vendido. Si el ritmo se hundía, la carrera se acababa. Si el tráfico destruía la goma, el plan no tenía recorrido.
Nada de eso ocurrió.
El ritmo no fue espectacular en términos absolutos, pero sí suficientemente sólido para sostener la posición y aprovechar las circunstancias. Aston Martin jugó una carta distinta y, por primera vez en mucho tiempo, la pudo jugar con sentido.
Ese es el cambio.
No es una resurrección
Conviene no exagerar. Aston Martin no está peleando con Mercedes, McLaren, Ferrari o Red Bull. Tampoco parece todavía en disposición de liderar la zona media. Su referencia real está mucho más abajo: acercarse a Alpine, Haas, Audi y Racing Bulls cuando el fin de semana se ordena a su favor.
Raymond Blancafort lo resumía bien: el equipo se ha enganchado a la mitad del segundo pelotón. No más. Pero tampoco menos.
Y ese “tampoco menos” es la clave, porque hace unas semanas Aston Martin estaba en una situación mucho peor. Cadillac llegó a parecer claramente por delante. Williams, pese a su propia crisis, no estaba tan lejos. El AMR26 daba la impresión de competir en una categoría inferior.
Ahora ya no.
La clasificación sigue siendo una asignatura pendiente
El punto débil del fin de semana estuvo en la clasificación. Aston Martin sufrió demasiado tanto en la sesión del sprint como en la clasificación principal. Si el coche quiere sumar con más frecuencia, necesita salir más arriba.
No siempre habrá una bandera roja, incidentes, estrategias cruzadas o ventanas tácticas que permitan remontar. En una zona media tan apretada, empezar demasiado atrás obliga a depender de demasiadas cosas.
La evolución será realmente sólida cuando Alonso pueda entrar en Q2 con naturalidad y acercarse a la Q3 en circuitos favorables.
Ese debe ser el siguiente objetivo.
Monza será otra historia
Zandvoort era un circuito relativamente favorable para medir el chasis y reducir la importancia de la velocidad punta. Monza será mucho más duro. Aston Martin ya sabe que allí puede sufrir.
Por eso no conviene convertir el noveno puesto de Alonso en una promesa inmediata de resultados. El calendario cambia, las exigencias cambian y el déficit de motor o drag puede volver a verse con mucha más claridad.
Pero incluso si Monza no va bien, Zandvoort deja algo útil: el equipo tiene una base mejor que hace un mes.
Eso no se borra por un circuito malo.
El valor psicológico
La mejora tiene también una lectura interna. Alonso necesita señales. Los aficionados necesitan señales. Y el equipo, probablemente, también necesitaba comprobar que el trabajo hecho en fábrica empieza a aparecer en pista.
No basta con prometer que las cosas van a mejorar. Hay que demostrarlo.
Hungría abrió una puerta. Zandvoort la mantiene abierta.
El AMR26 B sigue lejos, pero ya no transmite esa sensación de coche muerto. Ahora hay algo sobre lo que construir. Algo que está claro que tiene mucho valor para un equipo que ha vivido tantísimos meses de frustración.
El noveno puesto de Alonso en Zandvoort no cambia la temporada de Aston Martin por sí solo. Pero sí cambia la perspectiva, y el futuro.
El motor Honda todavía necesita trabajo. La velocidad punta sigue siendo pobre. La clasificación debe mejorar. Y el equipo continúa lejos de donde quiere estar.
Pero el coche cuida mejor las gomas, la aerodinámica parece más coherente, la estrategia tuvo sentido y Alonso volvió a convertir una oportunidad pequeña en un resultado real.
Aston Martin no ha salido de todos sus problemas.
Pero sí parece haber salido del pozo.