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Antonelli conquista Monza: de 19º a 1º y un Mundial que empieza a tener dueño

Lo puedes escuchar en: Episodio 1007 · Flipa con el GP de Italia y Antonelli Hay carreras que se ganan y carreras que te cambian de sitio. La de Andrea Kimi Antonelli en

Raúl Molina Recio
Imagen cortesía de Mercedes AMG F1

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Lo puedes escuchar en: Episodio 1007 · Flipa con el GP de Italia y Antonelli

Hay carreras que se ganan y carreras que te cambian de sitio. La de Andrea Kimi Antonelli en Monza pertenece claramente al segundo grupo.

El italiano ganó el Gran Premio de Italia saliendo decimonoveno. De 19º a 1º en Monza. La mayor remontada de la historia en el Templo de la Velocidad. Y lo hizo en casa, ante los tifosi, en su segundo año en Fórmula 1 y con un Mundial que cada vez parece más suyo.

No nos volvamos locos antes de tiempo, porque esto es Fórmula 1 y quedan carreras, errores, fiabilidad, estrategias raras y todo lo que esta temporada nos está regalando. Pero lo de Antonelli en Monza fue una burrada. Una de esas actuaciones que obligan a mirar al piloto con otros ojos.

Este tío, lo queramos ver o no, empieza a tener algo distinto.

Una carrera que parecía imposible

El fin de semana ya venía torcido para Antonelli por la penalización que le mandaba al fondo de la parrilla. En la previa podíamos pensar que, con el ritmo de Mercedes, quizá llegara al top 5. Incluso eso parecía ya una buena carrera. Pero de ahí a ganar había un mundo.

Y, sin embargo, la carrera le fue abriendo puertas. O, mejor dicho, él fue entrando por todas las que aparecieron.

La salida, la bandera roja por el accidente de Leclerc, las relanzadas, la gestión del despliegue eléctrico y el ritmo brutal del Mercedes fueron componiendo el escenario. Pero no basta con que la carrera te sonría. Hay que saber leerla.

Antonelli la leyó de maravilla.

En la vuelta 4 ya era duodécimo. En la vuelta 7 ya estaba sexto tras pasar a Norris. Poco después se metía en la lucha grande, cazando a Verstappen y Russell mientras ellos parecían más preocupados por pelear entre sí que por lo que venía desde atrás.

Y lo que venía desde atrás era un misil.

Monza también premió la cabeza

La victoria no se explica sólo por el coche. Mercedes tenía el mejor ritmo, sí. Pero Antonelli hizo lo que había que hacer en cada momento. Atacó cuando tocaba, tuvo paciencia cuando había que tenerla y gestionó mejor que nadie una carrera donde no bastaba con pisar el acelerador.

Porque Monza este año no fue el Monza de siempre. Los coches llegaban a su punta antes de mitad de recta. La aceleración era, por momentos, detestable para estar en el circuito que estábamos. El clipping y el super clipping estaban ahí, enseñando otra vez las costuras de esta normativa.

Pero el Gran Premio no se hundió.

Una parte importante de la explicación está en los pilotos. Algunos supieron jugar con la energía, decidir dónde gastarla, dónde guardarla y cómo atacar. Antonelli fue el mejor ejemplo. No fue un domingo de potencia bruta. Fue un domingo de inteligencia.

Russell, golpeado también por dentro

La victoria de Antonelli no sólo pesa por los puntos. Pesa también por lo que supone dentro de Mercedes.

George Russell llegaba con la obligación de seguir siendo la referencia adulta del equipo, el piloto que debía sostener el proyecto tras la marcha de Hamilton. Pero cada vez que la comparación directa aparece, Antonelli le va comiendo terreno. Y no poco.

En Monza, el italiano no sólo le ganó. Le remontó desde el fondo, le alcanzó y le pasó. Eso deja marca.

Russell sigue siendo un piloto sólido, muy regular, capaz de hacer muchísimas cosas bien. Pero Antonelli está mostrando algo más: ese punto de piloto especial que aparece cuando el coche no sólo necesita velocidad, sino también lectura, calma y colmillo.

El Mundial lo refleja con crudeza. Antonelli sale de Monza con 267 puntos. Russell queda segundo, a 66. Hamilton está tercero. Norris, cuarto. Y todos ellos, además, se van quitando puntos entre sí.

Para que Antonelli pierda este campeonato tiene que pasar algo serio.

El día que Monza se rindió

Hay una imagen que resume mucho: Verstappen felicitando a Antonelli, dándole ese toque de reconocimiento que no se regala. Cuando los pilotos grandes empiezan a tratarte como alguien de su nivel, algo ha cambiado.

Y luego está Monza.

El podio de Monza no es un podio cualquiera. Es gente en la recta, banderas, ruido, historia. Ganar allí siendo italiano, aunque no sea con Ferrari, es un honor… y mucha presión. Hacía muchísimo que un piloto italiano no ganaba en casa. Y Antonelli lo hizo no desde la pole, ni desde primera fila, ni con una carrera limpia y controlada desde el principio.

Lo hizo desde el puesto 19. Lo que hizo es historia.

¿El nuevo Verstappen?

La comparación con Verstappen siempre es peligrosa. Se ha abusado mucho de ella. Cada generación necesita buscar “el nuevo algo” y casi nunca sale bien.

Pero hay motivos para entender por qué Toto Wolff ve en Antonelli algo parecido. No por copiar a Verstappen. No por carácter, ni por trayectoria exacta, ni por estilo de familia, ni por relato prefabricado. Más bien por esa sensación de que, cuando todo se acelera, él no se encoge.

En Monza, con presión, con público, con tráfico, con normativa extraña y con una remontada enorme por hacer, Antonelli no pareció un piloto superado. Pareció un piloto disfrutando de algo que otros sufrirían.

Eso es lo que asusta.

Un Mundial que empieza a tener dueño

Queda temporada. Quedan circuitos distintos, fines de semana difíciles y posibles problemas. Pero ahora mismo no hay una grieta clara en Antonelli.

Ha sido rápido en circuitos muy diferentes. Ha gestionado carreras complicadas. Ha ganado cuando tenía que ganar y ha sumado cuando no tocaba ganar. Y ahora ha superado una penalización en Monza con una victoria histórica.

Más que un resultado, es un mensaje.

La Fórmula 1 sigue teniendo problemas con esta normativa. Mercedes sigue teniendo ventaja. Ferrari sigue desaprovechando oportunidades. McLaren no termina de convertir su mejor versión en una amenaza constante. Verstappen sigue sacando más de lo que parece tener Red Bull.

Pero el Mundial, ahora mismo, tiene un centro, y ese centro es Antonelli.